MAMBOKAN – La Barrera Sin Mambos

Caso 1: El perro con garrapatas

El caso:

Un perro con garrapatas escuálido rondaba el Zendo durante el Sesshin de verano. El cuarto día de Sesshin dos extranjeros que venían del otro lado de la montaña entraron en el cuarto y hallaron allí al perro, durmiendo sobre un colchón. Hablaron de esto con el Ino, que ocupaba el cuarto vecino, y éste sacó al perro y lo llevó al jardín. Más tarde los extranjeros entraron al cuarto de Dokusan y luego de las inclinaciones se sentaron frente al Roshi y le dijeron esto. El Roshi dijo: “¿Qué preferís? ¿Dejar al perro aquí o sacarlo afuera donde seguro morirá de hambre?”. Los extranjeros no respondieron. Luego del almuerzo el Roshi llamó al Ino y al Tanto y les dijo: “Si algún director del Dojo sin compasión desea sacar al perro de allí, que lo ponga en la Combi y yo lo llevaré a un sitio seguro.” El Tanto y el Ino pusieron al perro en una caja y al atardecer el Roshi se lo llevó de allí.

Comentario de Mambo:

Para practicar el Zen es necesario que traspases la barrera levantada por el hombre de barba. ¿Cuál es esa barrera? Sencillamente este perro con garrapatas. Si atraviesas esta barrera no solo verás al perro cara a cara sino que caminarás cogido de la mano con todas las generaciones de perros, gatos, comadrejas, zorros y coyotes. ¿No es esto una alegría inmensa? Entonces concentra todo tu ser, con tus trescientos sesenta huesos y tus ochenta y cuatro mil folículos pilosos en esta garrapata. Sólida bola de duda.
Día y noche no lo consideres como dejar al perro o sacarlo. Debe ser como una garrapata incandescente que devora tu piel, sangre, carne, huesos y tuétano. Caerá por sí misma. Entonces serás como un tartamudo que ha tenido un sueño. Lo sabes pero no puedes sino balbucear acerca de ello. Es como si le hubieras arrebatado el tarro de miel a Tan Raku. Agota toda tu energía en esto: ¡Perro con garrapatas! Te verás iluminado de repente como si alguien hubiera pagado la boleta de la luz y ésta se hubiese encendido súbitamente.

Poema de Mambo

¡Perro con garrapatas! ¡Naturaleza de Buddha!
Perfecta presentación de la totalidad.
Con un: Que se quede o que lo saquen
Pierdes tu cuerpo, pierdes tu vida.

Caso 2: Haqui Yo y el ratoncito

El caso:

En la época del Buda Kasho, Mambo era el Abad del Monasterio “Cueva de la Montaña”. Muchos novicios acudían a su enseñanza, sorteando el peligro de los ladrones del camino, los interminables piquetes de los campesinos sin trabajo y las escarpadas cumbres que protegían el Monasterio. Mambo había acuñado en esa época un famoso aforismo que luego echaría profundas raíces en países sudamericanos donde luego viajaron sus sucesores. El aforismo decía: “Un día sin trabajo, mejor. Entonces descanso”. Los seguidores de Mambo fueron conocidos como los Ñoquis Dharma, en referencia a la forma de sus mantos arrollados como ñoquis.
Por aquel tiempo había un joven novicio llamado Haquí Yo (en chinglés se pronuncia Here I) el cual meditaba con fervor día y noche pero no lograba apartar de su mente pensamientos de sensualidad. Un día Haquí Yo luchaba con su propia mente en la Sala de Meditación cuando escuchó un suave sonido cerca. Crickkk, Crickkk. Abrió un solo ojo y con pasmo observó un pequeño ratoncito gris que agitaba sus patitas delanteras contra el zafu de Haqui Yo. El monje novicio se apiadó del pequeño roedor y pensando que el Monitor del Zendo terminaría aplastando al pobre bicho con el palo kyosaku, con un rápido movimiento guardó el roedor en su manga.

Cuando el bloque de la tarde terminó, Haqui Yo salió del Dojo y fue al bosque cercano. Allí, sacó al ratoncito de su manga y le preguntó: “¿Quién eres?”. “¿Qué deseas?”. El roedor sonrió y dijo:
“Oh compasivo monje, no soy un ratón en verdad. Hace muchos años yo era el director de este monasterio cuando un joven novicio como tú se me acercó y me preguntó: ‘¿cómo se evitan los pensamientos sensuales?’. Yo respondí: Apártalos con fuerza!! No les dejes entrar!! A causa de esta respuesta renací durante 500 vidas como un ratoncito. Ahora, monje compasivo, llevame ante tu maestro.”
Haqui Yo, conmovido y con lágrimas en sus ojos, condujo al ratón a la sala de Dokusan. Golpeó la puerta y al no tener respuesta entró directamente.
Mambo roncaba profundamente sentado en su zafu y al oír que alguien entraba abrió sus ojos. Haqui Yo y el ratoncito hicieron sus postraciones y se sentaron en silencio frente a Mambo.
Luego de algunos instantes de tensión el ratoncito dijo:

“¿Cómo se evitan los pensamientos sensuales?”.

Mambo se desperezó en el zafu, se levantó y fue hacia la ventana. Allí se quedó observando un rato a una novicia joven que trabajaba la huerta, acompañando a la más vieja de las monjas que remendaba medias en una silla. Luego se volvió a sentar y dijo:

“El monje mira las caderas sin usar los ojos. La vieja tiene prótesis pero no depende de ello”.

Al oír esto el ratón tuvo una profunda realización y con lágrimas en los ojos se prosternó ante Mambo y dijo:

“500 vidas persiguiendo el queso y cayendo en la trampa. Y ahora vos, con sólo decir dos pavadas, me has liberado”.

En ese momento el Monitor del Dojo entró súbitamente a la Sala de Dokusan y viendo al ratón lo golpeó con el palo y le aplastó.
Mambo dijo: “entiérrenlo con los honores de un monje”.

Haqui Yo quedó muy conmovido y se retiró a sus habitaciones. Luego de llorar a lágrima partida durante el tiempo que tarda un incienso en consumirse se quedó profundamente dormido. Tuvo un sueño muy particular. Una banda de ratoncitas le acechaban.
Por la mañana el Laico Muzenji, que estaba a cargo de las actividades generales del Zendo fue a los aposentos de Haqui Yo y al verle el rostro pálido y el cabello despeinado emitió un tremendo grito:

RATS !!!!.

Haqui Yo debió ser llevado en estado de shock a una clínica y a partir de allí fue atendido con un Consultor Psicológico una vez a la semana.

Comentario de Mambo:

¿Evitar los pensamientos sensuales? Caes en la trampa. No podrás evitar el ratoneo por una eternidad.
Ahora, si aún no tienes el ojo Dharma en compota, sabrás que el ratón ha probado todos los quesos, incluso los saborizados, durante sus 500 vidas. Y está lleno de felicidad !
Pero veo que tu ojo está en compota. Qué tristeza ! Qué tristeza !

El Poema:

Ratón Perez, Ratón Mickey, Super Ratón
1000 nombres para la misma cosa.
Aún así, el sabor del roquefort es único.

***

Caso 3

El pié del monje Gota de Té

En el Monasterio de Podo-Shan, al sur del continente, vivía un monje apodado Gota de Té. Se le puso ese apodo debido a que muchas veces se le veía derramar lágrimas durante los oficios diarios. Los seglares que venían a los oficios, se admiraban de la compasión que parecía sentir este monje por todos los seres que sufren, pero, en verdad, sus lágrimas eran producto del sufrimiento por si y la autocompasión. Gota de Té sufría por si mismo.
Aún así, Gota de Té era un fervoroso practicante de zazen y cumplía todas sus tareas, tal cual el mas eficiente y concentrado adepto. Sin embargo, en su interior, sentía infelicidad y confusión.

El maestro del monasterio había intentado en vano guiar a Gota de Té en su Camino de retorno al Hogar. Le había explicado con paciencia durante horas cada día, todos los detalles de los sutras. Le daba sabios consejos, y hasta le recetaba diversos remedios y hierbas. En ocasiones le contaba cuentos antes de dormir. Pero no había caso. En una oportunidad, incluso, acompañó a Gota de Té en una larga meditación en la noche, dándole 500 palazos con el kyosaku, pero no dió efecto alguno.
Desesperado, y un poco harto en verdad, el maestro del Monasterio dijo a Gota de Té:

- Monje, tu camino aquí ha llegado a un callejón sin salida. Toma tus cosas y vete al Monasterio de Mambo. Quizás él pueda pacificar tu mente.

Gota de Té partió esa misma noche, llorando por el camino y discutiendo consigo mismo.
Al amanecer, con las primeras luces, llegó al Monasterio de Mambo. El monje hospedero le recibió con una mueca.
Gota de Té preguntó donde estaba Mambo. El monje hospedero le indicó: detrás de la colina. Gota de Té se dirigió allí.
Su corazón latía fuerte, sus pensamientos surgían uno tras otro, inquietud y esperanza, entusiasmo y desazón, su mente se movía de un sitio al otro.

Al llegar del otro lado de la colina, Gota de Té vió a Mambo en una extraña posición, semisentado, con la pierna izquierda flexionada y la pierna derecha estirada hacia arriba, como mirando al sol. Gota de Té se quedó impresionado por la Yoga del Maestro y se fue corriendo sin decir nada.
Buscó el pino más imponente en el bosque del monasterio. Dejó su mochila colgada en una rama, y se sentó en la misma posición en que había visto a Mambo, su corazón esperanzado y su mente decidida.

Durante tres días con sus noches permaneció en esta postura, buscando fervorosamente la realización.
Al despuntar el alba del cuarto día, sintiendo su cadera destruída, medio cuerpo hipertenso por la postura, el cuello rígido y el espíritu colapsado, Gota de Té tomó la decisión de levantarse.
Ya no sentía esperanza, tampoco orgullo, en realidad no sentía nada excepto un dolor insoportable en la cadera.
En ese especial estado de cuerpo y mente volvió donde Mambo.

Mambo estaba en el mismo sitio en la colina. Estaba terminando la cura de su pié, este era el último día. Ese pié infectado le había tenido a mal traer, pero por suerte el medico del monasterio había hallado la receta justa; hierbas y 10 minutos diarios de exposición al sol, durante cuatro días.

Gota de Té se acercó a Mambo cojeando. Con el espíritu como al borde de un precipicio, con voz temblorosa dijo:

Venerable, he buscado sin cesar el fin del sufrimiento, pero no he encontrado otra cosa que más y más dolor, puedes señalarme el camino?

Mambo le miró y pensó para si: otro monje loco. Y sin darle bolilla levantó su pié para curarlo al sol.

Al ver a Mambo levantar el pié al sol, a Gota de Té se le aflojó la cadera, y experimentó la caída del cuerpo primero, y al golpearse contra la roca experimentó la caída de la mente y se desmayó.
Al volver en sí con todo su cuerpo sudando copiosamente por la baja presión, tomó conciencia de que aún estaba vivo. Las lágrimas brotaron de sus ojos y bañaron su rostro demacrado. Juntó las manos en plegaria y dijo:

Durante años he buscado sin fin ni principio, ahora tú me has señalado el camino y lo he visto: pié y cabeza son uno solo, y no encontrarás sitio alguno donde apoyarte.

Mambo no le escuchó porque dormitaba con el sopor de estar al sol, mientras su pié se curaba.

Por la tarde los monjes vinieron a buscar a Gota de Té, que no podía moverse por su cadera. Lo llevaron al quiropráctico del pueblo, el cual se la acomodó. Su grito se escuchó en los Seis mundos.

Comentario de Mambo

La realización de Gota de Té no tiene nada que ver con pies ni cabezas. Si él se hubiera pinchado con la astilla que yo me clavé entonces sería otro cantar, y podríamos conversar sobre métodos de curación.
Hay que ver de donde viene tu dolor. Si me muestras la astilla en tu mente quizás podamos compartir una cerveza.

El Poema

Busca la quinta pata al gato y no hace otra cosa que magullarlo !
Mete la pata una y otra vez y se embarra hasta el caracú !
Wang Chan Kein andaba sobre el papel de arroz sin dejar huellas,
RicoMc Pato juntó monedas para nada,
Gota de Té está metido hasta las patas en el Camino, y no lo vé !!

Cuando caes en la confusión,
el olor a pata se siente desde muy lejos,
y, cuando pases, deidades y chicas fruncirán su nariz.

Noviembre 2005, año en que Borocotó se pasó a la otra orilla.

***


“Mate, mate, paramate, parasammate”
¡Tómalo ya!
-Mantra del Mate-

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